Habitar el Palacio
Activación participativa de un edificio cultural en el Valle del Jerte
El Palacio del Cerezo nació como promesa en 2005, cuando la Junta de Extremadura anunció la construcción de un palacio de congresos en el Valle del Jerte. La obra avanzó, pero el proyecto original no: la crisis de 2008 lo dejó a medio terminar en estructura pero vacío de contenido. Durante años generó más frustración que ilusión entre los once municipios de la comarca.
Cuando la Mancomunidad del Valle del Jerte nos contactó, el reto no era solo qué hacer con un edificio. Era más profundo: ¿qué necesitan culturalmente las personas que viven en este territorio? ¿Puede un espacio físico convertirse en herramienta para atender esas necesidades?
De la pregunta al proceso: once pueblos, una investigación colectiva
El proyecto arranca en 2020, seleccionado por la Fundación Daniel y Nina Carasso en la convocatoria Alianzas para una Democracia Cultural. La alianza con la Mancomunidad no surge de un encargo formal, sino de visitas previas, conversaciones y escucharse. No trabajamos desde el palacio hacia afuera, sino al revés: recorremos los once municipios, escuchamos primero en cada pueblo, y desde ahí imaginamos futuros posibles.
Autoconstrucción como dispositivo de diálogo
Una decisión metodológica central es el uso de la autoconstrucción colectiva como herramienta de participación. Los talleres de fabricación de mobiliario móvil y versátil no son un fin en sí mismos: son un dispositivo de conversación. Cuando la gente construye algo juntas, habla, negocia y se apropia del espacio de una manera que ningún cuestionario consigue. El mobiliario resultante es la materialización de una propuesta compartida de usos, el primer gesto físico de apropiación ciudadana de un edificio que hasta entonces había permanecido ajeno.
El proceso se despliega a lo largo de tres años con laboratorios ciudadanos en distintos municipios, cuadernos de campo, registro sonoro y visual. Cada encuentro activa reflexión colectiva sobre las realidades culturales del presente para imaginar futuros posibles con los habitantes del valle.
Un proceso que mira más allá del edificio
Habitar el Palacio demuestra que es posible hacer política cultural desde abajo, desde una comarca, desde once mil habitantes de un valle extremeño. Y confirma que los entornos rurales no necesitan menos participación que las ciudades, sino procesos adaptados a su escala y a sus tiempos. Y que un edificio vacío puede ser el punto de partida para una conversación que una comarca entera llevaba años esperando tener.
Categoría
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